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Graciela Guzmán

Arte de acción

Categoría

performance

El sistema contra mí.

Pili, (llamémosla así). Abandonada al nacer. Adoptada tiempo después. Internada en un colegio de monjas, con las que según relata comparte algo más que pupitre. Prostituta a los 15 años. A los 20 conoce a su pareja, una mujer con la que vive aventuras hasta el final de ella. Barrendera, en una oportunidad que le brinda el sistema de encajar. No tiene pudor ni prejuicios hacia su propia vida. Quiere que cuente su historia antes de que parta, tiene 70 años. Habla a cualquiera de sus años de prostitución, con anécdotas que harían las delicias de cualquier cineasta o cotilla de barrio. O la escuchas sin juzgar o la tachas de inadaptada social, como relatan sus informes psiquiátricos, en los que se comenta que frecuenta ambientes marginales y que padece psicopatía constitucional y oligofrenia. Si tecleas estas últimas palabras en google, encuentras con que grado de marginación sobrevivió a este sistema. Aunque ella no tiene nada en su contra. Sabe que pertenece aunque la rechace, acepta que irá hasta quien sabe cuando, a un comedor social, a relatar una y otra vez sus encuentros con marinos mercantes que llegaban de países lejanos, a un país de posguerra y nosotras la escucharemos, celebrando que su naturalidad para hablar sin tapujos de lo que la sociedad tacha de estigma social, es a fin de cuentas, la victoria de haber sobrevivido a un destino inevitable y a un sistema que no pudo con ella.

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Cuerpo profanado.

Un cuerpo.Un rostro cubierto.Rostro: espejo del alma.Si la cara se oculta ¿el alma se sigue percibiendo?

Mi cuerpo muestra la historia de una guerra entre cuatro paredes, en el silencio de lo doméstico.Convive,oculto entre utensilios, denunciando en público, que ahí está, que sin rostro y con el cuerpo vejado, aún vive.

Burdel del arte.2015.

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